FEDERACION DE SINDICATOS DE QUELLON CHILOE
martes, 30 de diciembre de 2008

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http://www.elciudadano.cl/2007/11/20/salmoneras-asquerosas-el-fin-de-un-sucio-negocio/

La salmonicultura está haciendo agua. De ser la guinda del modelo neoliberal ha pasado a ser la prueba tangible de sus falencias. La acechan plagas y epidemias. Y ya no parece haber nadie en condiciones de salvarla. Todo indica que estamos próximos al fin de una industria ecocida y esclavista que ha contado con respaldo del Estado y la prensa.
“La salmonicultura chilena más que una actividad económica, es un industria de destrucción masiva puesto que sus daños sólo pueden ser comparados con los que provocaría una guerra”. Así se expresó Cosme Caracciolo, presidente de los pescadores artesanales de Chile (Conapach), en entrevista con El Ciudadano.

Estas apreciaciones se sostienen en el gran daño ambiental que la salmonicultura está provocando y de las que son víctimas de primera línea los pescadores artesanales. Los daños dicen relación con la gran cantidad de basura que genera esta industria, la que no es debidamente reciclada sino que arrojada al mar o a vertederos clandestinos; con la gran cantidad de antibióticos que usa algunos de los cuales no son biodegradables y tienen muy negativas consecuencias sobre la salud humana y sobre la fauna silvestre; En lo económico y social debe destacarse que la salmonicultura se ha impuesto levantando la bandera de la modernización. Oponerse a ella –en su lógica- es oponerse al empleo y al desarrollo.

Pero la realidad es muy distinta. En el Estuario del Reloncaví, el 40% de los peces silvestres testeados por una investigación de Fundación Oceana (2006), se encontraban contaminados por antibióticos usados por la industria salmonera. Un estudio del académico de la Universidad Austral de Chile Sandor Mulsow (2003), sostiene que en el fiordo Pillán de la Décima Región, los cultivos salmoneros derivaron en una pérdida total de vida en el fondo marino. Según esta misma fuente, en el fiordo Reñihue la merma de la biodiversidad fue de un 60%.
Esto se ocasiona por el exceso de materia orgánica: alimentos no digeridos y fecas, que producen los cultivos de salmón. Fruto de la descomposición de toda esa materia orgánica, las bacterias ocupan el oxígeno disuelto en el agua y las diversas especies mueren de asfixia.
En el Estuario del Reloncaví, en cuyas riberas viven 4 mil personas, las salmoneras depositan en el ambiente acuático una cantidad de deshechos equivalentes al que producirían cerca de un millón de personas (Kol, 2007). Cabe tener presente que la salmonicultura chilena produce hasta 40 kilos de salmón por cada metro cúbico de agua, siendo lo recomendado por el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), 15 kilos. En Noruega el máximo permitido son 5 kilos.

Los efectos nocivos de esta industria no acaban aquí: Para producir un kilo de salmón se ocupan entre 5 y 10 kilos de peces silvestres (preferentemente sardinas, jureles y anchovetas), los que son extraídas del mar chileno. Como la producción salmonera chilena es de 600 mil toneladas anuales, las pesqueras sacan entre 3 y 6 millones de toneladas de aquellos nutritivos peces para alimentar al salmón. Con lo destinado a estos fines, alcanzaría para que cada chileno comiera alrededor de 300 kilos de pescados al año.

De esta forma la salmonicultura chilena despoja a los pueblos de Chile de su mayor fuente de proteínas. Y a los pescadores de su sustento. Sólo en la Décima Región, 9 mil de los 20 mil pescadores registrados han debido abandonar su actividad por el aniquilamiento de la pesca silvestre fruto de la contaminación salmonera y por el accionar de la pesca de arrastre. La mayor parte de los desarraigados ha debido terminar en las salmoneras.

Otra más: La degradación de las aguas por efecto de la acuicultura intensiva de salmones es tan grave, que para mantener la producción en algunos centros de cultivos se ha debido llegar al extremo de tener que introducir artificialmente oxígeno desde camiones a las aguas como ha ocurrido este año en el Estuario de Reloncaví.

EL INVENTO DE PINOCHET

A mediados de la década de 1970, cuando gobernaba el dictador Augusto Pinochet, la economía chilena se orientaba sin oposición posible por los principios neoliberales impuestos por los Chicago Boys. Debido a los bajos precios del cobre y a la necesidad de generar utilidades para los grupos económicos que surgían al amparo de la burocracia estatal, Pinochet decidió impulsar la industria del salmón.

En 1975 se instalaron los primeros centros de cultivo en Chiloé. Pero no es sino hasta los ochenta cuando definitivamente se asienta la salmonicultura como una industria con pretensiones mayores. En 1982, la Fundación Chile trajo de Noruega las primeras ovas de salmón del Atlántico. Pero no se tomaron los resguardos adecuados con el fin de asegurar que la introducción fuera compatible con los ecosistemas a los que era introducido: “No se realizaron estudios de impacto ambiental, antes de entregar concesiones de agua”, según dijo a El Ciudadano el biólogo jefe del programa de salmonicultura de la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) Héctor Kol. Explicó: “Estos estudios son importantes porque miden la capacidad de absorción y reciclamiento de materia orgánica de los sistemas en los que interviene la salmonicultura”. Los salmones trajeron más de una decena de enfermedades que fueron transmitidas a la pesca silvestre sin que se conozcan los alcances reales de esta introducción.
La adaptación de los salmones a los nuevos ecosistemas no ha sido fácil: Han sido necesarias grandes cantidades de antibióticos, fungicidas y pesticidas para intentar evitar que bacterias, hongos y parásitos hagan de las suyas con este pez extranjero. Pero aquellos se han hecho fuertes y ya dominan al salmón como antes Diego Maradona la pelota.

Así las cosas, la salmonicultura chilena, que creció a tasas de 70% anuales durante 15 años y que el 2006 exportó 1.800 millones de dólares, está cerca de sucumbir. Y resulta simbólico que sea una plaga de piojos de mar, la que pueda dar el golpe de muerte a esta industria que es la guinda del modelo neoliberal chileno.

¡PIOJOS AL PODER!

El año 2004 comenzó a ser percibida en los canales de Chiloé una plaga de piojos de mar (Caligus sp). Ni el Gobierno ni los industriales tomaron mayor asunto a la cuestión, limitándose estos últimos a aplicar mayores cargas de pesticidas. Sin embargo, el verano pasado el Caligus dejó de ser un piojo molestoso para convertirse en una grave amenaza. Buzos salmoneros del Estuario del Reloncaví pudieron ver entonces, nubes de piojos haciendo añicos los salmones.

La crisis se gatilló debido a un aumento de las temperaturas del agua que alcanzó extraordinarios 21 grados Celsius. Esto, sumado a la disminución del viento, generó las circunstancias propicias para la reproducción del Caligus. Se sumó a esto, el nulo efecto que en la actualidad tienen sobre él los más modernos pesticidas. Las razones: el hacinamiento de los salmones y la sobreutilización de los pesticidas sin periodos de descanso.
El Caligus –crustáceo copépodo del porte de medio grano de arroz-, llena de heridas a los salmones los que se estresan y debilitan. A través de estas heridas, se les introduce el temido virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón). Este es una especie de SIDA de los salmones, que no tiene cura conocida: Se ha hecho resistente a los antibióticos más modernos. Esto implica que no hay ninguno de estos que pueda vencerlo. Según el Ministerio de Agricultura, la confirmación del foco se tuvo el pasado 25 de julio, aunque comenzó el 15 de junio de este año.

La plaga se expandió desde Puerto Montt hasta Castro. Esto ha determinado el abandono de numerosos centros de engorda de salmones, siendo el primero de estos el reportado en Hornopirén en junio de 2006. Esto, de acuerdo a informes de la Fundación Pumalín.
La Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE), informó en agosto pasado que más de 1 millón de salmones chilenos han sido eliminados con el fin de combatir el ISA.

La única solución posible para la industria, a entender de Kol y la bióloga de la Universidad Austral, Sandra Bravo, es que los cultivos se trasladen hacia aguas no contaminadas. “Es que es imposible limpiar las aguas en poco tiempo y lo único factible para hacer respirar por un tiempo más a la salmonicultura chilena, es que emigre a regiones como Aysén”, señala Kol. Pero él estima que esto sería “un desastre”. Y justifica su apreciación: “Ahora que la Décima Región está quedando completamente contaminada e inservible, quieren migrar a la Undécima para hacer dinero fácil a costa de la destrucción de los ecosistemas”.

LA CRISIS SE INTERNACIONALIZA

La industria ya no puede continuar aumentando las dosis de antibióticos ni funguicidas como había hecho hasta ahora. Esto debido a que en el último año se han encontrado varios cargamentos contaminados con productos prohibidos y otros con sobredosis de antibióticos.

En diciembre pasado, la Agencia de Estándares Alimentarios del Reino Unido (FSA, por su sigla en inglés), anunció la detección de residuos del funguicida cristal violeta en brochetas de salmón producidas en Chile por la transnacional FINDUS. El cristal violeta es un químico cancerígeno prohibido por todos los países de la Unión Europea. La autoridad sanitaria inglesa tuvo que ordenar la destrucción de seis millones de cajas de brochetas de salmón chileno, para evitar una intoxicación masiva.

En enero de este año, el Servicio Agrícola y Ganadero de Chile (SAG), corroboró la efectividad de las denuncias de contaminación de salmones de FINDUS. El SAG también reconoció que un cargamento contaminado de salmón encontrado en Tailandia -un mes antes- era de origen chileno y había sido producido por las empresas AQUACHILE (capitales chilenos), MARINE HARVEST (noruega) y EICOSAL (filial de MARINE HARVEST).

En febrero de 2007 se encontró en Canadá un cargamento contaminado con niveles superiores a los permitidos del benzoato de emamectina. Este antibiótico se aplica para detener el Caligus. Las salmoneras se vieron forzadas a suspender su aplicación lo que ha tenido como contrapartida la mayor expansión de la plaga de piojos sobre los salmones chilenos.

Es importante señalar que al consumir salmones -y otros productos- con altas concentraciones de antibioticos, las bacterias se hacen cada vez más resistentes a los medicamentos. Debido a esto, los seres humanos tienen que aumentar la dosis de tratamiento contra enfermedades de origen bacteriano. Y, a veces, ni con ello, se alcanzan los resultados esperados. Esto constituye otro de los graves efectos que el salmón chileno puede ocasionar a la salud.

El 26 de septiembre pasado, la Oficina de Sanidad de Alimentos de Taiwán confirmó que 523 kg de salmón chileno, importados por la Costco Kaohsiung, estaban contaminados con verde malaquita. Este químico, producto de la fisiología del pez, se transforma en leucomalaquita que es un potente cancerígeno.

Cabe mencionar que Chile prohibió el 2004 el uso del verde malaquita. Pero el reciente hallazgo, “demuestra que las autoridades ambientales y sanitarias chilenas no tienen ningún control sobre los procesos productivos de la industria salmonera, y que esta no tienen escrúpulos al utilizar cualquier producto químico para combatir las enfermedades que ella misma genera con su mal manejo ambiental y productivo”, afirmó Kol.

¿AUTORIDAD AMBIENTAL?

La Autoridad Medioambiental -ante la crisis provocada por el ISA- emitió en agosto un instructivo que autoriza a convertir en harina de pescado las mortalidades de salmones contaminados con el citado virus. Mediante resolución Nº 1670 “Medidas de contingencia ante brotes y sospecha de ISA”, de la Unidad de Acuicultura del Servicio Nacional de Pesca, del 7 de agosto de 2007, en página 3 punto10 dice así: “Se deberá establecer lugares únicos de retiro de mortalidades. La totalidad de la mortalidad debe ser destinada a PLANTAS REDUCTORAS autorizadas”. Plantas reductoras son las que fabrican aceite y harina de pescado.
La planta reductora de Pacific Star de Quellón es una de las más utilizadas por diferentes empresas salmoneras para convertir en alimento las mortalidades, que por distintas causas, se registran en la industria salmonera. Y lo hace desde mucho antes que comenzara la plaga de piojos y la epidemia de ISA. Esto, según confirma la propia empresa salmonera en declaraciones de impacto ambiental lo que es refrendado por la propia “Autoridad Medioambiental” en sus resoluciones aprobatorias.
En Resolución de Calificación Ambiental Nº 784/2004, que autoriza proyecto “Centro de engorda de salmonideos Punta Iglesia de Cochamó N° pertenencia 93101124, la Comisión Regional de Medio Ambiente de la Décima Región, sostiene lo siguiente: “e.- Mortalidad: La recolección de los peces muertos se realizará diariamente mediante buceo y por recolección manual en la superficie. Una vez cuantificados y clasificados según la causa de muerte, los peces serán depositados en bins cerrados en forma hermética y retirados, para su traslado y disposición final en la planta reductora y de tratamiento de Pacific Star, o bien ser trasladados a vertedero industrial autorizado”.

Cosme Caracciolo, señaló a El Ciudadano, que las plagas asociadas al salmón, son “inevitables” debido a que –según su parecer- esta especie “no es apta para los ecosistemas existentes en Chile”. Caracciolo estima que la industria del salmón “es incompatible con la pesca artesanal y con la preservación del medio ambiente”. Debido a lo anterior, su sector está solicitando al Gobierno una moratoria a la expansión salmonera. Esto implica detener la entrega de nuevas concesiones a este sector.

Francisco Marín

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